La publicidad actual presenta una grave infrarrepresentación y estereotipación de las personas mayores. El problema fundamental es la falta de conciencia sobre el edadismo; muchas empresas no perciben estas prácticas como discriminatorias al ser todavía legales y socialmente normalizadas.
Se asocia erróneamente a los mayores solo con la dependencia, la salud (prótesis, ortopedia) o roles secundarios (el «abuelo/a pesado/a»).
Industrias como la moda, los viajes, la tecnología y el motor invisibilizan al colectivo de mayores y, sobre todo, a las mujeres, a quienes utilizan únicamente como el contraste negativo frente a una supuesta e ilimitada ‘juventud’ que solo prometen alcanzar mediante el consumo de sus productos.
Se proyecta una imagen de pasividad que ignora el perfil real: personas activas, independientes y con gran poder de decisión.
Urge la aprobación de leyes integrales que protejan los derechos de las personas mayores y sancionen las prácticas edadistas, yendo más allá de las leyes de igualdad actuales.
Es necesaria una alianza entre agencias, anunciantes y medios de comunicación para sensibilizar y actualizar los valores transmitidos.
Superar el mito de la «incapacidad tecnológica» e integrar a los mayores en las campañas de innovación y digitalización como usuarios expertos.
La publicidad debe dejar de ser un reflejo del pasado para alinearse con una realidad social donde las personas mayores aparezcan como protagonistas de su historia, de toda su historia.





